Al estilo de antes …

Autor: nicorleone
Al estilo de antes …

Muchas cosas hermosas se han ido perdiendo con el paso de tiempo y, lo que se pierde, a pesar de los suspiros y las nostalgias, es muy difícil recuperarlo.

No sé quien dijo que todo tiempo pasado fue mejor y cuánta razón tenía el que lo dijo y ese dicho lo repetirá la gente de generación en generación.

Hace unos días volví a ver algo que hacía mucho tiempo no veía y se trató de una joven pareja de muchachos que al estilo de antes, es decir a pie y con todos sus invitados detrás, iban rumbo a la iglesia parroquial a contraer nupcias.

Según pude enterarme, venían desde Santa Rosalía, (una aldea que se “tragó” el casco urbano) y que dista de dos a tres kilómetros de la iglesia parroquial.

¿Por qué iban a pie y no en carro como se acostumbra hoy? Respuestas de los lectores puede haber muchas, por ejemplo argumentar que la pareja era demasiado pobre, pero desde mi punto de vista eso no es una apreciación razonable, pues más de algún amigo que los acompañaba pudo muy bien tener un carro o el novio alquilar un par de pic ups o cualquier medio de locomoción que les permitiera llegar más rápido a su cita con el sacerdote.

Pero no, ellos lo hicieron al estilo de antes, como sucedió conmigo hace muchísimos años. Lo hermoso era lucir a la novia rumbo al altar y lo mismo sentía ella, porque se había cristalizado un sueño acariciado desde los días de la adolescencia. Y lo que es más hermoso todavía, todos sus acompañantes iban a pie como ellos, manifestando públicamente su alegría porque el amigo o la amiga se casaban. Esto, lamentablemente ya no se ve hoy y aunque todavía se mandan invitaciones para acompañar a la pareja de contrayentes a la iglesia, parece que solo los más íntimos o más cercanos hace caso a la invitación y la pareja tiene que conformarse con la presencia de los pocos familiares que asisten y dos o tres gatos que llegan como invitados. Eso, sí, la cena sí van, al extremo que cuando los recién casados llegan al banquete, ya no encuentran ni siquiera dónde sentarse. Los más tragones y esto lo decía un viejo amigo de mi infancia, se repiten dos o tres veces; el wisky vuela de las mesas al gaznate y los adornos de las mesas desaparecen como por arte de magia y muchas veces, bajo la chumpa, el suéter o el bolso de las esposas de los invitados, la botella que los “largos” se robaron va cuidadosamente escondida.

La música estridente y la bulla de un “disyoquei” gritón, no dejan hablar a quienes desean conversar con los amigos; las avalanchas de ichocos corriendo como cabros en el salón hacen la estadía más desesperante. Luego, al calor de los tragos vienen los reclamos, las palabrotas y el manoseo de pistolas. Resultado final: un muerto y dos heridos cuando menos.

Los casamientos ya no son como antes: alegres, con música de marimba de fondo, con tamales o “chumpe” relleno y una copa de vino farolazo que no ofendía a nadie.

Por eso, cuando vi a aquella pareja encaminarse hacia el “casorio” al estilo de antes, un dejo de nostalgia invadió mi corazón. ¡Cómo han cambiado los tiempos Dios mío!

Juan Pablo Espino Villela.

1 Comentarios

  1. David Armas dice:

    Gracias por esos comentarios y recuerdos tan hermosos de esos viejos tiempos, desde california con agradecimiento. David