El don de don Gerardo Simon

Autor: Osmin Espino
El don de don Gerardo Simon

Espíritu de servicio y don de piedad, sin duda tenía y a manos llenas.

Hay personas que marcan un segmento en nuestro cada vez más acelerado tiempo, que cuando hoy estamos y mañana quizá ya no, hay personas que marcan una época, otras que marca una tendencia, pero pocas son las que hasta ahora pudieron marca y ser testigo de cada acontecimiento en el desarrollo de una comunidad y mejor aún haber participado en su obra gris y posterior innovación, primero siendo pioneros y rompiendo paradigmas y luego con su diario vivir impregnando luz de vida a los que le han rodeado.

Tuve el gusto de conocer a don Gerardo Simón, de compartir incluso algunas aficiones y de saludarlo en innumerables ocasiones; en mi nota de este mes, mas que de su perfil como persona, hablaré del ser humano, que más allá de marcar lo anteriormente mencionado, dejó huella en una historia, dignísima de ser contada, compartiré lo que conocí, que cuando mucho, cuando poco es lo que llegué a conocer y para mí merece la pena ser compartido.

Cuando niño, siendo estudiante del Colegio San Benito, tendría unos prematuros entre 9 a 11 años, cuando ya empecé a tomar consciencia de cuando nos llevaban a la Misa mensual en el colegio, cosa que hoy sin duda daría mucho más valor que a la edad que hago referencia; en ocasiones veía a un señor con rasgos “gringos” (forma ya coloquial de nombrar a los estadounidenses) ese era don Gerardo participando en la Santa Misa, luego al ser lector durante algún tiempo en la Basílica de Esquipulas, lo veía participando a las 5 de la tarde, no sé si lo hizo todos los días, pero al menos los días que iba, ahí estaba.

Platicamos varias veces y en una de esas ocasiones le exteriorice que deseaba conocer algunos aspectos de su vida; en base a mis preguntas el con toda confianza y con su sonrisa característica me dijo, que cuando el llegó a Esquipulas prácticamente lo que conformaba la villa en aquel entonces era la tercera avenida – Calle Real-, fue El primero en tener una motocicleta en la ciudad, con la que se trasladaba de la Basílica de Esquipulas hacia la Parroquia Santiago, cuando fue Párroco, previo a eso sin duda lo hacia en el medio de locomoción más antiguo de la humanidad, a pié; pasaba por la calle real y me comentó cuando pasaba frente a la casa de doña Esperanza ella le ofrecía “cafesito”; como el mismo me dijo “así como no me iba a enamorar” un amor que perduró hasta que los separó lo inevitable, su deceso físico, pero dejó un legado muy grande con su imagen que generaba confianza al ver su sonrisa amable y su saludo cordial siempre que uno tenía la oportunidad de saludarlo.
Como es de dominio público tengo afición hacia los medios de comunicación, sobre todos la radio, o los de base auditiva, afición que compartimos con don Gerardo, en una ocasión lo visité y tuve la oportunidad de conocer su equipo de radio de onda corta, es ese tipo de radio que dicha señal se lleva el viento y atraviesa los continentes a través de la ionosfera; me comentó que en Esquipulas en ese tiempo había tres emisoras de radioaficionados, la de Abad Héctor Sosa (Padre Héctor en aquel tiempo), la de don Carlitos Aldana -que tengo la dicha de conocer y haber utilizado- y la de El, con mucho esfuerzo, ayudado con un bastón y mi hombre subió las gradas para mostrarme el equipo, que puso a funcionar de inmediato, un brillo asaltó mis ojos cuando vi el equipo en acción; en son de broma le dije, si alguna vez piensa dejar como herencia este equipo don Gerardo, créame que yo estaré en el la primera fila o acampando fuera de su casa para que me lo herede, rompió en risa cuando hice el provocador comentario; luego con una tenue sonrisa me dijo “No sé que hará mi hijo con el”. Esa fue una afición que ayudó a don Gerardo a salvar vidas en el terremoto que azotó Guatemala el 4 de febrero de 1976, cuando logró tener comunicación a través de la clave Morse con su telégrafo con una unidad militar, facilitando información de lo acontecido en el oriente del país, donde como en el resto Guatemala no había energía eléctrica, pero si no recuerdo mal me mencionó que con la ayuda de un generador el pudo mantener su equipo encendido.

Espíritu de servicio y don de piedad, sin duda tenía y a manos llenas, vino a Esquipulas como monje benedictino, servicio que tuvo en buena parte de su vida y bien realizado, descubriendo su vocación hacia el matrimonio con doña Esperanza; en cierta ocasión en una labor social me encontré con El en la Escuela Los Campeones, lugar especializado en atención para personas con capacidades especiales y para sorpresa mía, el ha sido el fundador de tan noble institución, entre otras obras que no tuve la oportunidad de conocer, pero que si usted distinguido lector conoce compártalas por favor, para que la conozca sus servidor y más lectores de este post; la última vez que lo vi y saludé fue al finalizar una Misa de 04:00 p.m. en la Parroquia Santiago, iba con su familia y ya utilizaba dos bastones, estaba entrado en años, el que a mediados del siglo pasado vino a Esquipulas, donde se enamoró del clima, de su gente, del café y de doña Esperanza; si en tres palabras me pedirían describirlo don Gerardo, le diría hasta el cielo, “Una Persona Honorable” descanse en paz y mis condolencias a sus familiares.

Fotos tomada del Facebook personal de Don Gerard Simon

Osmín Espino Espin0za

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