Milagro de Dios en Nochebuena

Autor: admin
Milagro de Dios en Nochebuena

Por Tavo Escamilla –  El mes de diciembre estaba expirando, la última hoja del calendario  marcaban los últimos días del mes, por lo consiguiente se sentía en el ambiente navideño.

Amanecía aquél martes 24 de diciembre, el intenso frío calaba hasta los huesos, el sol muy rogadito enviaba sus tenues rayos a la tierra; pero podía más el frío que el calorcito del astro rey. Típico de la época de fin de año.

Don Filiberto vivía en una humilde covacha en la colonia Loma Linda de esta ciudad, hecha de palos de media vida que le habían regalado, unos cartones de cajas de zapatos y unos nylon oscuros por la polvareda la hacían en lugar de paredes. Doña Juanita era su esposa con quien don Filiberto había procreado  cuatro hijo, tres hembritas y Tonito su único varón.

Don Filiberto como de costumbre, se levantó a las 5 de la mañana, dobló sus rodillas ante un cuadro que contenía la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, hizo su oración en la que pidió por la salud de su familia y porque Dios le bendijera en su negocio, ya que él se ganaba la vida de vender chiclets, dulces, carteritas, cigarros, paletas; las cuales colocaba en una pequeña caja de madera, atada por los lados las que colgaba al cuello, a falta de un mejor exhibidor.

Puesesa mañana del martes 24 de diciembre, cuando ya se disponía a salir hacia la doble vía, sector donde Filiberto realizaba sus ventas, se le acerca su esposa doña Juanita y le dice: Filiberto hay me dejas pisto porque yo no tengo nada ni para el desayuno de los patojos. A lo que aquél buen hombre le contesta, Juanita, yo tampoco tengo ni un centavo. ¿Qué hago? Preguntó doña Juanita. Cuando abra la tienda doña Meches, vas y le decís que te dé dos quetzales de pan, una libra de azúcar y dos bolsitas de café, que al regresar le voy a pagar. Me voy ir a rebuscar y Dios primero me dé su santa bendición y regreso para el almuerzo. Está bien contestó su esposa.

Eran ya las cinco y media cuando don Filiberto salió de su casa, al salir de su casa, vuelve sus ojos hacia la Basílica y en voz baja dice: Señor de Esquipulas regalame tu bendición. Se cuelga la caja al cuello y se encamina hacia la doble vía. Para evitar problemas subió la pasarela y llega a la colonia Quirio Cataño número 1, y por fin llega a la doble vía, y al estar frente a la Basílica se santigua y repite la misma oración. Señor de Esquipulas regalame tu bendición.

Y empieza a promocionar con voz muy fuerte, dulces, paletas, bombones; en esta monotonía el sol daba la impresión que ese martes 24 de diciembre no enviaría sus refulgentes rayos. Don Filiberto vestido con una playera raída  que se lograba leer todavía el nombre de un partido político, tiritaba de frío y su pantalón con varios remiendos, de diferente color, y en lugar de cincho usaba una pita amarilla que combinaba con su pantalón que quizá era crema.

A todo esto doña Juanita se había quedado al cuidado de su hijos, hilvanando ideas como iban hacer para el desayuno, y unido a eso pensando si su esposo iba a vender o no, porque no tenían nada para la cena de Nochebuena.

Entre tanta algarabía de personas que transitaban por ese sector unas en sus afanes de las compras de comida, estrenos, adornos navideños, y muchas otras más que caminaban a visitar al Milagroso Señor de Esquipulas, don Filiberto continuaba promocionando sus artículos.

Entre tanta gente que deambulaba por la doble vía, en una de esas, don Filiberto vio a una elegante señora que venía bajando las gradas que dan a la doble vía,  muy bien vestida, hasta parecía que ya andaba estrenando.

La señora hacía ademanes a los choferes de los moto taxis, solicitando el servicio de traslado, seguramente a su casa. Como a los diez minutos se estacionó uno de esos vehículos y la señora elegante abordó el rotativo.

Al haberse subido al moto taxi, la señora elegante botó una billetera de cuero, incidente del cual ella no se dio cuenta, pero quien si se dio cuenta fue don Filiberto. Con voz muy fuerte don Filiberto empezó a gritarle a la señora, dueña de la billetera: ¡señora..señora… señora… señora.! Pero por mucho esfuerzo que hizo ni la señora, ni el piloto del taxi moto escucharon los gritos de don Filiberto.

Volvió sus ojos para todos lados por si alguien le estaba vigilando y con más sospechas que disimulado don Filiberto recogió la billetera y  temblaba más que el terremoto de 1976.

Abre la billetera y sus ojos le brillaron como nunca y se le abrieron más que de costumbre al ver que adentro había una infinidad de billetes de distinto valor. La guarda dentro de una sus bolsas de su pantalón crema el cual se amarraba con una pita amarilla. Imaginándose que todos le habían visto empezó a sudar, angustiarse, el corazón le palpitaba como si se le quisiera salir; y no aguantó más.  A todo esto empezaban a repicar las campanas de la Basílica, anunciando que eran las diez y media de la mañana.

Llega corriendo y muy sofocado y le dice: doña Brenda, doña Brenda.Doña Brenda es una compañera de negocios en las gradas de la Basílica, frente a la doble vía. Ella vende candelas y veladoras ¿Qué le pasa don Filiberto, que le pasa? Hágame el favor de cuidarme mi caja con dulces porque me urge ir a la Basílica, a hablar con el padre. ¿Y qué le pasa don Filiberto, pareciera que se va morir; cuénteme? No doña Brenda, esto solo el Abad lo debe saber. Le encargo mi cajita porque si entro al parque con mi venta, me la quitan los policías.

Deja la caja con su venta, y sale corriendo como si iba a recibir herencia.

Llega a la sacristía, casi ahogándose y le dice al sacristán ¿buenos días, ahí está el Abad? A lo que el sacristán le contesta, pues si está pero… justamente ahí viene. Don Filiberto sale a su encuentro y le dice: Abad…Abad. Escúcheme por favor. Con una voz muy ronca el Abad le contesta: qué le pasa señor, qué le pasa. ¡Padre me urge hablar con usted!

Pues no tengo mucho tiempo porque a empezar va la santa misa, pero dígame que le pasa. Le dijo el padre.

Don Filiberto sacó de la bolsa de su pantalón crema amarrado con unapita amarilla, la billetera que se había encontrado, la abre y le enseña al Abad, y cuando el padre ve la gran cantidad de dinero, y al verle su forma de vestir le pregunta: ¿De dónde ha tomado esa cartera, vaya y devuélvala a su dueño? Espere… espere padre, yo le cuento todo lo que ha pasado.

Don Filiberto pronunció su relato con pelos y señales desde la hora que se levantó, hasta el momento en que se encontró la billetera. El Abad hizo una pausa, respiró profundo, tejiendo ideas. De pronto habló y le dijo a don Filiberto, y que espera señor, abra la billetera y busque alguna tarjeta del propietario, ¡vaya y devuélvala! Abrió la billetera y por ningún lado apareció ninguna identificación del propietario. Don Filiberto dice: ya vio padre no hay nada, sólo el dinero. El sacerdote guardó silencio por un momento. De repente el Abad le dice: a ver, a ver, corríjame si le entendí mal, sin embargo yo, lo que le entendí es que usted vive en la colonia Loma Linda en una covacha, que es extremadamente pobre, que tiene cuatro hijos, que se gana la vida vendiendo golosinas de forma ambulante y que su familia no ha desayunado y que en la doble vía se encontró esta billetera con esta gran cantidad de dinero. Eso le entendí, finalizó diciendo el Abad.

Don Filiberto, hizo un movimiento de cabeza como asegurando lo que el sacerdote había dicho.

El Abad, le pregunta ¿usted cómo se llama? Filiberto, contestó.

Replica el Abad, escúcheme muy bien don Filiberto. ¿Sabe qué fecha es hoy? Si padre, hoy es 24 de diciembre, hoy es Noche buena. Correcto, dijo el presbítero.

Don Filiberto replicó el Abad, ¿sabe cómo le llamo a esta situación?, no lo sé padre contestó el afligido hombre, ¡yo le llamo UN MILAGRO DE DIOS EN NOCHEBUENA!

Ahora le voy a decir lo que debe hacer, agregó el sacerdote regrese a su casa, pero antes vaya al mercado compre lo que usted desee, cómprele comida a su hijos y a su esposa, y si le queda dinero cómpreles un regalito  a todos ellos, pero no se le olvide compartir de lo que va comprar con sus vecinos y especialmente a los más necesitados, para que el milagro  lo alcancen muchos más y disfrute de la Nochebuena y la Navidad de nuestro Señor Jesucristo con sus familia y con quienes viven muy cerca de usted.

Muy respetuoso don Filiberto, le contesta al Abad: Sí padre lo que usted me ha ordenado. Más corriendo que andando, regresa a su puesto de trabajo informal, le agradeció a doña Brenda por haberle cuidado el negocio, con una felicidad enorme y con una enorme sonrisa le dice. Doña Brenda, que Dios le pague por haberme cuidado mi cajita, ya me voy a mi casa y  terminó diciendo: Que  Dios la bendiga y que pase una feliz nochebuena.

Don Filiberto, ¿tan temprano se va? Pues sí ya el Señor me dio su bendición y ahora me voy a mi covacha a disfrutar la nochebuena con mi familia.

Pero don Filiberto, primero hizo lo que el Abad le recomendó.

Se fue al mercado y compró lo que quiso, y especialmente alimentos, retorna a su casa, pero antes de llegar, empezó a gritarle a su esposa Juanita…Juanita, Juanita, vení a ayudarme. Doña Juanita escucha los gritos de su esposo y un tanto afligida sale presurosa y a su esposo bien cargado e las cosas que había comprado. Asombrada doña Juanita lo interpela diciéndole Filiberto decime por Dios ¿qué has hecho de donde sacaste esto, a quién se lo robaste, quien te lo dio; si vos no tenes pisto por favor Filiberto decime que has hecho.

Muy sereno don Filiberto le contesta, no Juanita nada de eso de lo que estás pensando pasó, mejor caminá y allá en la casa te voy a contar todo

Ese 24 de diciembre fue la primera vez que don Filiberto, doña Juanita y sus cuatro hijos comieron la cena de Nochebuena

FELIZ NAVIDAD Y MUCHA PROSPERIDAD EN EL AÑO VENIDERO.

4 Comentarios

  1. fredy ardon,el chiramay dice:

    en verdad DIOS es misericordioso ,la verdad es un milagro de ,la fe de don Filiberto fue grande al comensar el de rodias ante Dios,feliz ano nuevo atodos ,,,,gracias tavo escamilla por tu grande labor en los medios de comunicasion,sigue adelante ,,,,,esta historia me iso yorar ,de alegria,

  2. Byron Lopez dice:

    Que buenisimas historia, Don Tavo, de verdad me gusto mucho, espero se recuerde de mi, jejej

    Muchas gracias por compartir con el pueblo sus conocimientos literales

    Bendiciones en Navidad y año Nuevo

  3. Pedro Vargas dice:

    Fui monje Benedictino en La Abadia, Soy de Puerto Rico, y espero pronto volver a visitor a Esquipulas. Esta es una ciudad santa donde todavia existen los Milagros. Esquipulas Ciudad de Dios. Dios los bendice siempre

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