A las puertas del colegio

Autor: admin
A las puertas del colegio

Buscando el amparo de los arboles de ficus, huyendo del fuerte sol de medio día y mientras espero la salida de mi hijo,  del colegio, veo llegar a mas y mas padres de familia, muchos presurosos, con el tiempo medido, sino atrasado, deseando ser los primeros en poder escapar del tremendo embotellamiento y trafico que se forma en cada una de las escuelas y colegios de Esquipulas.  Pero igual, hay padres y madres, que suman gran mayoría, que disfrutan de esta batahola, porque aprovecha, para saludar a sus amigos, sus conocidos, enviar o recibir saludos.  La mayor parte de veces, en medio de aquél relajo existe mucha alegría.

Un lapsus mental cortísimo, pero intenso, me hace recordar mis días de escuela.

A la hora de salida, si mucho, estaban presentes las madres o padres de los niños de primer grado; y eso solo los primeros días de estudio, luego, una vez que el niño conocía el camino de regreso a su casa, lo hacia solo o acompañado por sus compañeros, sin ningún temor.

Los padres confiaban.  Los niños caminaban por las calles de Esquipulas, confiando en su propia prudencia a la hora de atravesar esquinas y calles, sabiendo internamente, que quienes manejaban, también tenían la prudencia y el cuidado necesario, de respetar a quienes se conducían a pie.

Hoy los tiempos han cambiado, la población estudiantil ha crecido, así como la cantidad de colegios y escuelas. Bendito sea Dios.

Pero al mismo tiempo, ha aumentado la cantidad de vehículos que circulan por la ciudad, lamentablemente, la mayor parte de ellos conducidos por personas, adultos, jóvenes o niños, que manejan con total imprudencia, casi se podría decir, vehículos conducidos por cafres del volante.

Orientados por la prisa, la prepotencia,  el mal humor, no respetan al peatón, sin importar si es hombre o mujer, anciano, adulto o niño.

Esta es la primera razón, por la que a la hora de salida de los colegios de primaria y básico, las puertas o portones de salida de los centros educativos, se ven atiborrados de padres de familia que ansiosamente buscan entre el estudiantado el rostro de su hijo o hija, o quizá de ambos.

Temen que sus hijos caminen solos por las calles, con el riesgo de ser atropellados, física o verbalmente por aquellos que, yendo en sus vehículos se consideran los propietarios absolutos de las vías que circulan.

Pero hay una razón de más peso.

La imparable ola de violencia que azota a nuestro país, de la cual, nuestra amada ciudad no esta libre.

Se ha sabido de niños que en el trayecto del centro educativo a su casa han sido secuestrados, algunos han corrido con suerte, bajo pago de rescate, extorción o como quiera llamársele, han vuelto a sus vidas. Nunca igual a como la vivieron después de tan traumática experiencia. Otros mas desafortunados, o nunca han aparecido, o bien su cuerpo ha sido encontrado sin vida, abandonado en algún lugar.

A quienes lucran con esta maldita practica, no les ha importado la posición social y/o económica del infante o joven. Lo único que les interesa es obtener ganancias a expensas de aquellos que sufren por la ausencia de quienes aman.

Ante estas dos variantes de violencia, la mayor parte de padres han optado mejor, por acompañar a sus hijos en su camino de ida y vuelta, confiando de esta manera, evitarle males mayores a sus queridos retoños.

Por lo anterior;   a quienes circulen por calles donde haya centros educativos, con respeto les pido su comprensión, manejen con precaución.

Sucede simplemente, que como padres, todos ellos, toman las previsiones necesarias, para que lo anterior no les suceda a sus hijos.

Yo soy padre de familia. Entiendo su preocupación y diariamente me uno al ritual de ir a dejar y luego ir a traer a mis hijos en su casa de estudios.

Pero igual me pregunto: volveremos a confiar?.

La respuesta no la sé.

Porque en la actual situación, no se vislumbran signos de esperanza, que nos indiquen que muy pronto todo este temor que nos invade como padres, hijos, hermanos, acabará pronto.

La esperanza se mantiene sin embargo viva.

Por el momento, lamento dejar de escribir, porque aún queda mucho por anotar, pero sucede que ya es hora de ir a traer a mis patojos.  La vida continúa.

Por Edgar Augusto Mata vía Senderos Olvidados
Catgorías: Actualidad

6 Comentarios

  1. David Guerra dice:

    Que razón tenés mi amigo Edgar, benditos sean aquellos años en que salías a la calle sin ningún temor a que te pasara algo. Sencillamente en aquellos tiempos existían los valores éticos y morales, y todo mundo actuaba concientemente. Como dijo aquél verdad voz, en aquél tiempo si se practicaba la conciencia social.

    Saludos.

    Saludos cordiales.

  2. Edgar dice:

    Asi es David, es una verdad que no podemos obviar.
    Como dijo mi mamá: “Que tiempos aquellos”,

    saludos,

  3. Sonia Armas de Ardon dice:

    La situacion actual consecuencia de errores de Padres al no inculcar valores a sus hijos o simplemente dejarlos hacer su santa voluntad, nos muestra hoy un pueblo lleno de ciudadanos violentos, prepotentes e inservibles a esta sociedad actual que nos exige ser ciudadanos como dijo David con conciencia Social, A Dios Gracias, dentro de todo lo malo que pasa, tenemos la gran virtud que atraves de ese trajin Edgar compartimos con nuestros hijos esos valores, que muchos han perdido, porque en esa onda de patojos como alguna ves lo fuimos nosotros, saben que cada vez que corremos por ellos, les estamos demostrando lo mucho que nos importan, y que como Padres somos capaces de dar mucho mas de lo que podemos, como dijo mi Madre, le sacamos 25 horas al dia. Saludos pues.

  4. Mynor dice:

    Buen tema. Ya que no puedo ir todos los días a traer a mi hijo pero cuando voy es muy especial ya que alli toca temas de política religiòn y otrás más con los amigos.Es un buen momento. En mis tiempos cuando salía del San Benito por cierto estudiaba por las tarde al salir me quedaba viendo Tv. por la ventana donde Ariel Villeda haa que tiempos.

  5. Luis S. dice:

    Con solo un poco de conciencia y sentido común que lograramos practicar al respecto, sería un gran logro. De ahí entonces, se podrían seguir dando más y más pasos. Pero es necesaria la voluntad de todos. Pero miren, que gran suerte tienen quienes tienen el colegio frente a su casa. Pero no es esto lo que importa sino el amor a los hijos y el estar pendiente de ellos. Al menos ese valor todavía existe. Cuidémoslo.

  6. Luis S. dice:

    Gracias a Dios todavía existe esa gente noble que guarda gratos recuerdos con la esperanza de que vuelvan un día.

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