En la opinión de Juan Pablo Espino, sobre el cambio climático

Autor: Juan Pablo Espino
En la opinión de Juan Pablo Espino, sobre el cambio climático

MUY PREOCUPADO. MÁS QUE PREOCUPADO, AHUEVADO

Los ríos, otrora de abundantes y bullangueros caudales, cada día tienen menos agua. Las montañas están quedando pelonas, la frontera agrícola se ensancha cada día más y los pocos arroyos que quedan están muriendo por causa de la contaminación, como resultado del desfogue en sus aguas de enormes cantidades de mierda de los pueblos y en el caso de Esquipulas, por lo mismo, y por las aguas mieles y pulpa de café.
Los habitantes se quejan de la falta de agua en sus casas, pero muchos de los que se quejan son propietarios de pequeñas o grandes extensiones de terrenos cultivados con café, terrenos estos que hace algunos años estaban poblados de bosques exuberantes de los que el agua fluía en abundancia.
¿Cuando en Esquipulas habíamos llegado a tener 35 grados de temperatura? Jamás. Sin embargo, la botazón de palos sigue su curso inalterable y las autoridades, que debieran ser las primeras en salir en defensa de los recursos naturales, son las primeras en hacerse de la vista gorda.
Es verdaderamente lamentable esta situación y es precisamente por eso que me pregunto qué chingados hace el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, a quien, supuestamente, “le corresponde formular y ejecutar las políticas relativas a su ramo: cumplir y hacer que se cumpla el régimen concerniente a la conservación, protección, sostenibilidad y mejoramiento del ambiente y los recursos naturales en el país y el derecho humano a un ambiente saludable y ecológicamente equilibrado, debiendo prevenir la contaminación del ambiente, disminuir el deterioro ambiental y la pérdida del patrimonio natural”.
La naturaleza es vida y de ella dependemos todos, pobres y ricos, indígenas, mestizos y ladinos, pero si la seguimos haciendo pedazos como hasta ahora, no nos lamentemos el día de mañana.
El agua, pues, es cada día más escasa, y es también por eso que me revienta el hígado cuando miro a muchos vecinos regando las calles, lavando banquetas y hasta carros en la vía pública.
Dijo hace poco un conocido ciudadano: “Yo boto el agua que quiero porque tengo pisto para pagarla”. Y así como el tipo que traigo a colación, hay montones de vecinos golilleros a los que les vale botar el agua, sin que les importe un comino que el resto de la ciudadanía no tenga ni siquiera para cocinar los frijoles.
A diario leo y escucho quejas contra la Municipalidad, como si doña Muni tuviera una fábrica de agua. ¡Qué dialpelo! Ahorre lo más que pueda y no la desperdicie, tampoco se haga de la vista gorda con el pago del servicio y si realmente ama a este pueblo, cosa que espero que no sea del diente al labio, no la joda, deje de botar palos, no tire pulpa ni aguas mieles de café a los ríos, sea un ciudadano responsable y si usted es de aquellos que botan y desperdician el agua porque tiene con qué pagarla, guarde lo suficiente en una alcancía y se la empina más adelante cuando ya no le llegue agua al chorro de su casa.

JUAN PABLO ESPINO VILLELA

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