Esquipultecos viviendo la experiencia de los peregrinos

Autor: Guilver Salazar
Esquipultecos viviendo la experiencia de los peregrinos

ESQUIPULAS – por GUILVER SALAZAR- Eran las cuatro de la tarde del día miércoles 14 de enero de 2015, y el Sol, tímidamente, se desplomaba detrás de los cerros de Cruz Alta, como sirviendo de marco esplendorosa a la fecha en que, miles de peregrinos, buscaban ingresar en la blancura de la gran Basílica, para postrarse fervorosos ante el Cristo de los milagros, que con los brazos extendidos y sus ojos cerrados, escucha las plegarias de agradecimiento o petición de sus hijos, que se hunden en sus pensamientos, exteriorizan sus emociones, elevan sus trémulas manos y enjugan sus incesantes lágrimas. Y allá, al final de la extensa fila, estábamos nosotros: Koki Paiz, Edgar Salazar, Letty Alfaro, Alexa Vanegas, Isis Bonilla Alfaro, Víctor Espinoza y Guilver Salazar, siete esquipultecos confundidos entre hondureños, salvadoreños, mexicanos y otros miles de peregrinos provenientes de distintos puntos de Guatemala, para expresar en nombre propio y de todos los parroquianos de este lugar, nuestro amor y agradecimiento a Dios, porque a través del Santo Cristo, ha derramado misericordia, formando a lo largo y ancho de nuestro pueblo, una aureola de bendiciones.
Las horas transcurrieron con parsimonia, pero sin que ello fuese un impedimento para experimentar a cada segundo, la emoción de acercarnos, cada vez más, al camarín del milagroso Cristo Negro.

Entre cantos entonados por grupos musicales, aplausos de la muchedumbre, bostezos por el cansancio, luces de colores y globos elevados al cielo, humo de improvisadas hornillas, aroma de comidas típicas, pláticas anecdóticas y narraciones de milagros, pudimos terminar el zigzagueante recorrido. Y ya en la recta final, un vasito de café y un panito dulce, entregado con amor por buenos esquipultecos (Roxana Girón, Hamblin Duarte, Ada Lemus, Chiqui Veliz, Manuel Sandoval, José Vélez, entre muchos otros).
La serenata al Señor nos hizo sentir su cercanía. Y ya en el interior del hogar del milagroso Cristo, entonamos los cantos interpretados por el coro parroquial, que dirige Carlos Mata, y repetimos fervorosamente las oraciones de la Santa Misa.
Sin embargo, el momento de emoción desbordante se dio, cuando pudimos ver el perfil del rostro moreno de nuestro Señor Crucificado. Oraciones y lágrimas se mezclaron al momento en que, postrados a sus pies, agradecíamos por habernos permitido visitarle por cuarto año consecutivo, y por tantas y tantas bendiciones recibidas.
Al despedirnos del Señor, caminamos hacia atrás sin darle la espalda, mientras le pedíamos salud y fuerzas para volver el año entrante. Ya afuera, nos reunimos para tomarnos la fotografía de rigor, y darnos un abrazo de hermanos, por la alegría de compartir los mismos sentimientos de amor y agradecimiento, al milagroso Cristo Negro de Esquipulas.
Al retirarnos a descansar, el reloj marcaba la una de la mañana con quince minutos, concluyendo así: nueve horas de fe, que nos motivarán y darán fuerzas para esperar, con anhelo y devoción, el próximo catorce de enero.

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