La astucia de don Juan

Autor: Guilver Salazar
La astucia de don Juan

Por Guilver Salazar – Las Ferias de enero y Semana Santa siempre han sido consideradas, por los comerciantes locales y foráneos, como una magnífica oportunidad para hacer sus buenos centavos. De esta cuenta, desde hace muchos años, la semana previa a estas dos festividades, los vendedores empiezan a levantar sus champas, galeras o puestos, con la finalidad de extender por más tiempo su estancia en Esquipulas.

Hace ya muchos años, cuando todavía existían los famosos cobertizos, venía a nuestro pueblo una familia originaria de una aldea de San Jacinto, quienes armaban una champa para ofrecer, a propios y extraños, distintas clases de comida cacera.

Sin embargo, en esta familia ocurría un singular acontecimiento, que muy pocas personas fueron capaces de descubrir en su momento.
Resulta que don Juan Apzún, que así se llamaba el jefe de la familia en mención, solía venir a Esquipulas un mes antes de estas dos ferias. La razón de su llegada, con tanto tiempo de anticipación, indudablemente no era para construir la champa, pues las autoridades municipales no lo permitían. La realidad era otra. Y es que en la comunidad rural donde vivía esta familia, la situación económica era extremadamente precaria, a tal punto que tenían que ingeniárselas para obtener el dinero necesario, que les permitiera construir la champa y adquirir la materia prima, para iniciar la elaboración de los alimentos. Sin embargo, la astucia de don Juan se puso de manifiesto, el día en que encontró la fórmula para superar esta dificultad.

El asunto es que, cuando este astuto comerciante bajaba del bus, se iba directamente al famoso y ya desaparecido Mesón Central, donde hoy se encuentra Hotel Porta Legendario, en busca de un cuartito para pernoctar, durante el mes previo a la festividad, prometiendo pagar el alquiler al finalizar el tiempo de su estadía. Naturalmente, don Juan tomaba todas las precauciones necesarias, a fin de que nadie se enterara de la actividad a la que se dedicaría durante ese mes. Y, estando ya instalado, procedía a transformarse en un mendigo. Y para el efecto, usaba una camisa y un pantalón en pésimas condiciones; se untaba un poco de tizne en el rostro; se colocaba un sombrero roto, y finalmente se amarraba la pierna izquierda con un fino hilo de pescar, de tal manera que diera la impresión de padecer de un serio impedimento físico. Terminada la transformación, se colocaba bajo el brazo derecho una muleta de madera, y salía a recorrer las calles de Esquipulas, pidiendo: “una limosna por el amor de Dios”.

Terminado el mes, pagaba el alquiler del cuarto, y regresaba a su comunidad, a traer a su familia, para luego iniciar la construcción de su champa, dedicada, como ya dijimos, a la venta de desayunos, almuerzos y cenas.
Ninguno de los esquipultecos se daba cuenta de que el mendigo de la pierna torcida, era el mismo señor, que vestido adecuadamente atendía un comedor en el campo de la feria.

Y es a Esquipulas, no solo vienen comerciantes que instalan su negocio, sino también algunos que con ingenio, astucia o picardía, logran su propósito de regresar a casa con la bolsa llena.

(Al fondo de la pilona se ven los cobertizos formales construidos en la época en que venía don Juan Apzún)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>