Nadie va al Padre…

Autor: Guilver Salazar
Nadie va al Padre…

La cruz, saturada de pecados, se ha hecho extremadamente pesada, y tus pasos forzados se desplazan con marcada lentitud, arrastrando tus desgastadas sandalias.

El pueblo que grita, unos a favor y otros en contra, se agolpa a los lados del escabroso camino que te llevará al monte del sacrificio. Por tu mente pasa el anhelo de redimir a la humanidad, de cumplir la voluntad de tu Padre y abrir las puertas de la salvación para toda creatura. Olvidas las imágenes de millones de rostros etiquetados con infinidad de pecados, que no son más que los fieles testigos de la degradación humana, y que no agradecen semejante sacrificio tuyo.

Rostros que en sus ojos revelan, como en una película, los momentos aquellos en que te hemos ofendido, fallado, desobedecido y olvidado. Rostros de secuestradores que han causado la más cruel angustia al cautivo, y a la familia del secuestrado. Rostros que reflejan la saña del asesino, que mancha de sangre sus manos y corta los hermosos sueños que un día llenaron de ilusión a las víctimas.

Rostros de ladrones que asechan de noche y de día, para apropiarse de aquello que no les pertenece, y que tanto esfuerzo ha costado a quien lo poseía. Rostros de pervertidos que hacen caer a niños y jóvenes en el mundo de las drogas y la prostitución. Rostros de los que arman las guerras, y que solo dejan desolación y muerte. Rostros de los que se aprovechan del poder para explotar a los que menos tienen, y favorecer a los que materialmente ya nada necesitan. Rostros… y rostros… y más rostros, que no merecen que tu preciosa sangre se haya derramado en un madero. Pero Tú tienes un propósito, y continúas el camino a la cruz, con tu mirada vacilante, tus labios agrietados y secos, y tu cuerpo empapado de sangre y sudor. No escuchas las voces de los que se alegran por tu condena, ni de los que lloran por tu sufrimiento, sin detenerse a pensar que también recibirán la gracia de tu voluntario sacrificio.

Tú estás dispuesto a cumplir lo que dijiste a Tomás: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. (Juan 14: 6)
Señor: en estos días en que los cristianos rememoramos tu vida, pasión, crucifixión, muerte y resurrección, te damos gracias por el sacrificio tuyo, que permitió borrar aquel pecado de desobediencia de nuestros primeros padres, abriéndonos a todos las puertas de la salvación. Bendito y alabado sea tu Santo Nombre Señor.

Guilver Salazar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>